Por qué corregir un nombre mal escrito en un billete de avión cuesta hasta 160 euros
Las aerolíneas imponen recargos por modificar una identidad errónea, algo que, para los ojos del pasajero, transforma una equivocación humana en un lucrativo modelo de negocio
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Faltaban todavía dos horas para el despegue cuando a mi amigo le denegaron el embarque. Ya en el aeropuerto, frente al mostrador, nos dimos cuenta de un detalle fatal: su apellido estaba mal escrito en la tarjeta de embarque; habíamos introducido otro por error al hacer la reserva.
Intentamos solucionarlo al instante, pero la respuesta de la aerolínea fue fría: solo se admiten rectificaciones hasta tres horas antes del vuelo. El resultado fue un pasajero en tierra, un viaje amargo y una pregunta flotando en la terminal: ¿Por qué un puñado de letras equivocadas puede costar un recargo de hasta 160 euros? ¿De dónde salen realmente estas cuentas?
Corregir no es revender
Originalmente, las aerolíneas prohibieron el cambio de nombre para evitar la aparición de un mercado secundario. Sin esta prohibición, las agencias de viajes o los especuladores podrían comprar decenas de billetes, por ejemplo, a 15 euros con meses de antelación y revenderlos a 100 euros días antes del despegue simplemente cambiando el nombre del titular.
Sin embargo, en su intento por blindarse, las aerolíneas han tendido una red en la que caen miles de ciudadanos que simplemente han sido víctimas de la prisa o del autocorrector de su móvil. La clave legal, y el principal foco de conflicto, reside en diferenciar dos conceptos: la corrección ortográfica y el cambio de titularidad.

Los dos conceptos claves
Cambiar 'Mari' por 'María', alterar el orden de los apellidos o corregir una o dos letras fruto de un error tipográfico no es ceder un billete. Es una rectificación de datos personales. Bajo el amparo del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y respaldado por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), el consumidor tiene el derecho inalienable a que sus datos sean exactos. Cobrar por esto está considerado, directamente, una mala práctica comercial.
En cambio, si el billete está a nombre de "Laura Gómez" y, por una urgencia, viaja "Pedro Sánchez", se trata de una cesión del contrato de transporte a un tercero. Aquí, la aerolínea sí tiene potestad para aplicar sus políticas disuasorias y exigir el abono de penalizaciones que, en ocasiones, superan con creces el valor original del billete.
El negocio de corregir un nombre
Pero, claro, no todos los errores son iguales. En muchos casos, el pasajero no quiere vender el billete ni sustituir al viajero y ahí es donde muchos usuarios sienten que la política de las aerolíneas no distingue entre un fraude y un simple despiste. Cuando el sistema (o el empleado de turno) decide que tu error se clasifica como un "cambio de nombre", se activa una tarifa que varía según la compañía y el momento en que se solicita el cambio.
Teclear un nombre nuevo no cuesta dinero, pero la sanción sí tiene un claro componente recaudatorio.
Ryanair
Esto dice su página web: "En un plazo de 48 horas después de hacer tu reserva, puedes cambiar, de forma gratuita, el orden del nombre y los apellidos de cada pasajero, una vez por pasajero, si has cometido un error al introducir los datos; por ejemplo, puedes cambiar "García Pérez Juan" por "Juan García Pérez". Ten en cuenta que esto solo se aplica al cambio de orden del nombre y los apellidos; los cambios de más de tres caracteres, o el cambio completo del nombre, comportarán el pago de una tasa de cambio de nombre".
"Se pueden cambiar un máximo de tres caracteres por nombre de forma gratuita, pero solo una vez por pasajero, hasta 48 horas antes de la salida programada. Si se realiza el cambio online, se aplica una tarifa de 115 euros. Si contacta con un agente para procesar el cambio, se aplica una tarifa de 160 euros".
EasyJet
Esto dice su página web: "Los cambios de título y errores ortográficos de hasta un máximo de tres caracteres por nombre se pueden hacer en línea, ya sea a través de nuestro sitio web o de la aplicación para móviles sin cargo". "Cargo por modificaciones por pasajero y vuelo: entre 73 y 79 euros".

Norwegian
Esto dice su página web: "Aplicamos un cargo por servicio (30 euros por persona y trayecto) para las reservas y los cambios efectuados por teléfono y en el aeropuerto".
Wizz Air
Esto dice su página web: "Tarifa por cambio de nombre (wizzair.com y centro de atención telefónica) por vuelo y por pasajero: 70 euros".
Vueling
Esto dice su página web: "Si has escrito mal algún nombre de la reserva, tienes varias opciones para cambiarlo. El cambio puede hacerse siempre que no se hayan realizado ninguno de los vuelos de la reserva. Podrás realizarlo hasta dos horas antes de la salida del primer vuelo. Recuerda que tu nombre en la tarjeta de embarque debe coincidir con el de tu documento de identidad. Nota: no es posible añadir un primer apellido ni cambiar el primer apellido".
Voces en la terminal
"Con las prisas, me equivoqué al poner los apellidos de mi hija y le puse los de su madre. Ahora, una hora después de hacer la reserva, el coste para modificarlo asciende a 116 euros", relata Miguel Herranz, evidenciando que no hay periodo de gracia para el despiste. Guillermo L., pasajero de Iberia, sufrió una suerte similar al equivocar su segundo apellido con el de su padre. Al llamar instantes después, la única "solución" ofrecida fue cancelar el billete asumiendo 30 euros de penalización. "Sois una vergüenza", sentenció.
Abel Martín resume el sentir general hacia aerolíneas como Ryanair al verse obligado a pagar la tasa de un billete completo solo por alterar el orden de sus propios apellidos, una anomalía puramente formal que lo llevó a tildarlos de "auténticos asaltadores de caminos".
Es el caso de Paola, que se enfrentó a un calvario de 169,90 euros por un error que ni siquiera era suyo. En su vuelo de vuelta con Ryanair, el sistema había truncado su apellido. Pese a haber volado a la ida sin problemas y recibir garantías verbales por parte de una azafata de que podría embarcar, en la puerta de embarque un supervisor la bloqueó. "Me dijo que o pagas o te quedas aquí, con voz de chulo y riéndose en mi cara", relata la pasajera.

Una reforma europea
Frente a esta indefensión, la regla de oro es actuar rápido. Si detecta un error, contacte inmediatamente con la aerolínea por canales oficiales. Si pretenden cobrarle por una simple errata, apele a su derecho de rectificación. Si ya ha sufrido el cobro abusivo en el aeropuerto, guarde los recibos y reclame ante el Centro Europeo del Consumidor (CEC) en España.
Afortunadamente, la resignación podría tener fecha de caducidad. Esta situación puede cambiar próximamente en la Unión Europea. Tras más de una década de duras negociaciones institucionales, la Unión Europea está a punto de aprobar una reforma integral de los derechos de los pasajeros aéreos. Esta nueva legislación promete trazar, por ley comunitaria, una línea clara que proteja al consumidor de estas penalizaciones encubiertas. Sin embargo, hasta que la ley aterrice definitivamente en los mostradores, el pasajero seguirá sometido al examen de ortografía más caro del mundo.
Mientras tanto, queda una pregunta en el aire: si corregir una letra no cambia quién viaja, ¿por qué puede acabar costando casi tanto como otro billete?
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